Un rayo de Sol

Una tormenta cuando se forma en tempestad,
usted siempre está ahí cuando le llamo
y se muestra feliz de poder ayudar
cada vez que lo pueda necesitar.

Incluso sin fuerza yo siempre quiero dar,
doy todo, ¡es por humanidad!
no hay problema, es con buena voluntad,
búsqueme cuando me pueda necesitar.

Y espero ser lo que usted ha sido para mí,
porque ese es el significado de la palabra “amistad”,
confianza, cariño y comprensión sin fin.

Le agradezco su amistad tan especial
y por hacerme sentir que soy alguien,
¡con su amor que es como una flor!
Me importa, pues yo también soy igual.

Pero perdóneme, hoja seca,
no puedo cuidar de ti
Vine para amar en este mundo
y hasta del amor me perdí.

¿De qué sirvió tejer flores
por las arenas del suelo
si había gente durmiendo
sobre mi propio corazón?

¡Y no puedo con la pasión!
Lloro porque no soy amada
y por mi debilidad,
es que estoy triste e infeliz.

Perdóneme, hoja seca, estoy abandonada,
mis ojos sin fuerza están
velando y rogando por aquellos
que no se levantarán.

Eres una hoja de otoño
que vuela por mi jardín,
te dejo mi nostalgia
que es la mejor parte de mí.

Y voy por este camino
más cierto de que todo es nada,
que todo es menos que el viento,
menos que las hojas en el suelo.

Prefiero ser humana
que guardar todo para mí
y para otros no dar nada.

© Francelina Robin

Abril, sin tu asistencia clara, fuera
invierno de caídos esplendores;
mas aunque abril no te abra a ti sus flores,
tú siempre exaltarás la primavera.
Eres la primavera verdadera;
rosa de los caminos interiores,
brisa de los secretos corredores,
lumbre de la recóndita ladera.
¡Qué paz, cuando en la tarde misteriosa,
abrazados los dos, sea tu risa
el surtidor de nuestra sola fuente!
Mi corazón recojerá tu rosa,
sobre mis ojos se echará tu brisa,
tu luz se dormirá sobre mi frente…
Doña Primavera
viste que es primor,
viste en limonero
y en naranjo en flor.
Lleva por sandalias
unas anchas hojas,
y por caravanas
unas fucsias rojas.
Salid a encontrarla
por esos caminos.
¡Va loca de soles
y loca de trinos!
Doña Primavera
de aliento fecundo,
se ríe de todas
las penas del mundo…
No cree al que le hable
de las vidas ruines.
¿Cómo va a toparlas
entre los jazmines?
¿Cómo va a encontralas
junto de las fuentes
de espejos dorados
y cantos ardientes?
De la tierra enferma
en las pardas grietas,
enciende rosales
de rojas piruetas.
Pone sus encajes,
prende sus verduras,
en la piedra triste
de las sepulturas…
Doña Primavera
de manos gloriosas,
haz que por la vida
derramemos rosas:
Rosas de alegría,
rosas de perdón,
rosas de cariño,
y de exultación.

Todo ha florecido en
estos campos, manzanos,
azules titubeantes, malezas amarillas,
y entre la hierba verde viven las amapolas.
El cielo inextinguible, el aire nuevo
de cada día, el tácito fulgor,
regalo de una extensa primavera.
Sólo no hay primavera en mi recinto.
Enfermedades, besos desquiciados,
como yedras de iglesia se pegaron
a las ventanas negras de mi vida
y el sólo amor no basta, ni el salvaje
y extenso aroma de la primavera.
Y para ti qué son en este ahora
la luz desenfrenada, el desarrollo
floral de la evidencia, el canto verde
de las verdes hojas, la presencia
del cielo con su copa de frescura?
Primavera exterior, no me atormentes,
desatando en mis brazos vino y nieve,
corola y ramo roto de pesares,
dame por hoy el sueño de las hojas
nocturnas, la noche en que se encuentran
los muertos, los metales, las raíces,
y tantas primaveras extinguidas
que despiertan en cada primavera.

Cuando entren las mariposas,
a visitar tus jardines;
y sientas como violines
a las aves del lugar;
cuando veas trabajar
a la abejita hacendosa;
y el pimpollo de la rosa
sus labios quiere embozar;
el tiempo primaveràl,
ya está ahí, y se asoma.
Cuando indefinido el aroma
del pasto reverdecido,
ande montando suspiros,
en las mosas del lugar;
cuando junto a eso se da,
la brisa pasando tìbia,
y allá, en las flores sencillas
de lujo anda el color;
ya apréstate al amor…
desmandado irá Cupido.
Parece un arco que en trinos
se despacha, la bandada;
cruzando hacia las lejanas
serranías en su flor;
y hasta se ve al picaflor,
que sobre el aire suspenso;
está empeñado en el beso
de más oculto dulzor;
dale rienda al corazón…
él ha de ir por su sueño.

© Francelina Robin