Triste está mi corazón

Nunca pensé que una enfermedad pudiera afectar tanto en mi vida, me siento tan angustiada al saber que tantos humanos están muriendo de Coronavirus, personas de edad avanzada que viven abandonadas por hijos o amigos en residencias. Cuando se ve a los soldados de la muerte que llevan los cuerpos sobre su espalda y boca abajo, cogen dos a la vez y los ponen en camiones alquilados para meterlos en trincheras y ni la familia puede decirles adiós. Tantos muertos y todavía no se ha terminado. Sabe Dios si yo también iré. ¡Y miren que vi golpes de estado en dos países! como en la guerra colonial portuguesa que se llevó por delante a toda la juventud, ¡a los más jóvenes!

Hoy, 16 de abril de 2020, estamos en la primavera, en el tiempo de las flores, de los pajaritos que cantan y broncearnos al sol, el tiempo que más me gustó desde siempre, los insectos comen el polen de las flores, pero yo no me conformo viendo esta tristeza, me recuerda a cuando mis padres y familiares como mi abuela me contaban sobre la epidemia de la gripe española, la cruel y terrible epidemia que había llegado al mundo entero, la misma gripe (hoy sabemos que se llamaba H1N1). Era la primavera de 1918 , como si ahora escribiese y el mismo otoño de este año la gripe española estuviera matando a más gente. Hubo una epidemia de gripe que alarmó y mató a más personas en el mundo que las balas de La Guerra Mundial. La perspectiva era aterradora, con cadáveres tirados esperando ser colocados en fosas comunes y a otros, cuando no había sitio, en los cementerios. Actualmente, de momento la vida está paralizada, las oficinas están casi todas cerradas; las escuelas igual; se han suspendido los exámenes hasta en las facultades; se han ordenado cerrar teatros y cines y por las calles no se ve un alma de noche. Al principio la situación sobre la gripe española fue igual que la actual, fue tomada a la ligera, todo el mundo estornudaba, pero luego empezó una forma que llaman cerebral y empezó a morir gente de repente en la calle, especialmente entre los obreros. El pánico ha ido creciendo. Los sentimientos y la moral caen en picado al abrir el ordenador, todas las páginas se abren solas continuamente. El problema se agravaba por los sepultureros, unos estaban enfermos, otros se habían muerto en el oficio, no se conseguía a personas que quisieran hacerse cargo de éste y según dicen, había momentos en que más de cien cadáveres esperaban ser buscados en los corredores. Esta información sobre la gripe española fue sabida porque el 24 de octubre de 1918 fue enviada una carta a un amigo y socio de varias empresas políticas y periodísticas. La razón por la que hoy todo el mundo la comparte es por la similitud entre la gripe española, la pandemia de principios del siglo XX en el archipiélago y la situación en la que hoy nos encontramos.

Se mueren. Se está muriendo la mejor de las generaciones, la que sin estudios, educó a sus hijos, la que sin recursos los ayudó durante la crisis. Se están muriendo los que más sufrieron, los que trabajaron como bestias, los que han cotizado más que nadie. Se mueren los que pasaron tanta necesidad, los que levantaron el país, los que ahora tan solo deseaban disfrutar de sus nietos. Se están muriendo solos y asustados, apurando el último aliento sin la ayuda de un mísero respirador. Se van sin molestar, los que menos molestan. Se van sin un adiós, los que menos merecen irse. Se fueron porque mucha gente no hizo lo necesario. Siendo este un periódico por excelencia y por excelencia les ofrezco que pondré un anuncio donde se resalte la siguiente información: se necesita a alguien, hombre o mujer, para ayudar a alguien a ser feliz porque ésta está tan contenta que no puede estar solita con la alegría, y necesita compartirla. Se paga extraordinariamente bien: minuto a minuto pagas con tu propia alegría. Es urgente, porque la alegría de esa persona es fugaz como estrellas fugaces, que parece que solo se vio después de que cayeran. Se necesita con urgencia antes de que caiga la noche porque la noche es muy peligrosa, no hay ayuda posible y es demasiado tarde. Esa persona que responda el anuncio solo tiene tiempo libre después de que pase el horror del domingo que duele. No duele que venga una persona triste porque la alegría que se da es tan grande que uno tiene que compartirla antes de que se convierta en un drama. También se ruega que venga, se ruega con la humildad de la alegría sin razón. A cambio, también se ofrece una casa con todas las luces encendidas como en una fiesta de bailarines. Tienes derecho a tener la despensa, la cocina y la sala de estar. No necesitas practicar. Y te disculpas por estar en un anuncio del diario para otros. ¡Juro que hay una alegría divina en mi rostro serio para darles! Pero lo cierto es que tengo dolor en el corazón por la pena que siento por esta situación, una de las cosas que aprendí es que uno debe vivir. A pesar de que se debe comer. A pesar de que uno debe amar. A pesar de que uno debe morir. Inclusive a menudo es lo mismo, a pesar de que me empuja hacia adelante. Fue a pesar del hecho de que me dio una angustia, que no estaba satisfecha y fue el creador de mi propia vida. Fue a pesar del hecho de que me detuve en la calle y te miré mientras esperabas un coche. Y, desde luego, deseándote, ese cuerpo tuyo que ni siquiera es bonito, pero es el cuerpo que yo quiero. Pero lo quiero entero, también el alma. Así que no duele que no vengas, esperaré todo el tiempo que sea necesario. La pena, hoy más que nunca, es más profunda.

No entiendo. Esto es tan vasto que va más allá de cualquier comprensión. La comprensión siempre es limitada. Pero la no comprensión puede no tener límites. Siento que estoy mucho más completa cuando no entiendo. No entender, mientras hablo, es un regalo. No entiendo, pero no como un simple. Lo bueno es ser inteligente y no entender. Es una bendición extraña, como estar loco sin estar loco. Es un desinterés manso, es una estúpida dulzura. Solo que de vez en cuando viene la inquietud: quiero entender un poco. No demasiado: pero al menos entiendo que no entiendo. Solía pensar que era la persona más extraña del mundo, pero luego pensé: tengo que tener a alguien como yo, que se sienta extraño. ¡Ah! No se me olvida recordarles que esto terminará, que en sí mismo no puede durar. No, me refiero al fuego, me refiero a que aquello que sentimos nunca dura, lo que sentimos siempre termina y puede que nunca vuelva. Luego nos encarnamos en el momento, en cómo dar fuego y en el dulce fuego que arde, arde en llamas. Luego, quien sabe que todo terminará, toma la mano libre de la víctima de un grave accidente de tristeza por el que estuvo varias veces en cama a la edad de treinta y tres años, un total de más de trece operaciones durante su vida y varios problemas de salud y de hospital en hospital acumulando, además, accidentes de salud. Así que le es imposible no hablar de sufrimiento, pero de igual modo le llaman artista, también porque intenta realizar muchos textos sobre la capacidad de superación e inmediatamente deseando, esperando todo el tiempo necesario y diciéndoles que desnuden sus brazos para decirle adiós a la vida, que llevamos con nuestra muerte por Coronavirus. Flores para todos los humanos fallecidos en el mundo por el Covid-19 en el año 2020.

© Francelina Robin

Epidemia, Primavera 2020

Para vivir un año es necesario
morirse muchas veces por no soportar el dolor
y oigo pasar la vida como quien pone la radio.
Ideas y poemas y voces de primavera.

De amigos que no tengo. Y tengo
la boca llena de sangre,
y sangre que sale de mi cráneo
y toda mi alma sabe a sangre,

Sangre fresca no sé de qué animal
O de mujer que soy,
en toda mi alma acuchillada por mujeres y niños
que se mueven ingenuos, torpes.

Esta vida que ya sé. Tantos vamos a morir
Me palpo el pecho de pronto, nerviosa,
Dos saltos en la cama con malas señas
y no siento un corazón de alguien.

Ho hay, no existe en nadie
esa cosa que llaman corazón
si yo pudiera soportar el alcohol lo bebería,
porque sería como la sangre que yo bebo.

Y que es la sangre de Cristo,
La única sangre en este mundo que no existe
que es como el dolor programado
y ahora como fábrica de la vida,

es un desastre no encontrar sistema para pararlo.
Que ha olvidado quién es y sigue viviendo,
o quizá el reloj y las horas pasan y tu corazón
Que se cierra y escribir en España

No es llorar, es beber, querría beber la rabia,
pues no me sé resignar
Morir en las esquinas, ¿hoy beber más?
Para no maldecir ni blasfemar

Contra la manera que he visto en España,
En esta gran epidemia que no haya médico
que te pueda tratar, en el estado
en el que me encuentro

me pondrán con la moral a cero,
ver entierros me ha hecho llorar
Ahora sé que desgraciadamente
tendremos otro virus, adiós vida.

© Francelina Robin