Torre Eiffel

Fue construida como elemento representativo de la Exposición Universal que tuvo lugar en París en 1889. Es sin duda alguna el principal símbolo de la ciudad y el monumento más visitado de todo el mundo. Desde que Gustavo Eiffel la diseñara y se pusiera en pie, la Torre Eiffel se encontró con una gran oposición de la élite artística de París. El “espárrago metálico”, que era como lo llamaban, estuvo a punto de desmontarse en 1909 pero finalmente se le encontró una nueva función. De hecho, la Torre Eiffel comenzó siendo una antena de transmisión para telégrafos. Este edificio al ser el más visitado de París está siempre lleno de turistas y se hacen grandes colas tanto para poder entrar como para subir. Tiene tres plantas y la entrada más habitual es para la segunda planta. También es la que está siempre más llena de gente. Lo más habitual es comprar la entrada para la segunda planta en ascensor y después bajar andando o en ascensor hasta la primera planta. Las vistas desde aquí son bonitas, pero no tan espectaculares como desde la segunda planta, pero sí son más tranquilas.

El monumento tiene una longitud total de 324 metros de alto (incluida la antena de televisión que actualmente está en su cumbre), una longitud que puede variar en función de si hace más calor o más frío ya que la estructura se contrae y se dilata. Sus 10 toneladas de acero y sus 2,5 millones de remaches configuran una estructura metálica realmente espectacular. Actualmente está como cuando yo fui a verla, tiene tres niveles abiertos al público. El primero se encuentra a 57 metros de altura, el segundo a 115 metros y el tercero a 276 metros. A pesar de no ser un monumento especialmente indicado para personas con problemas de claustrofobia, yo solo subí una vez y me mareé. La Torre Eiffel es el monumento más visitado del mundo con más de 7 millones de visitantes al año. Yo tuve muchas oportunidades de ir debido a que tenía compañeros de la restauración que eran camareros y trabajaban allí, ellos me daban entradas gratis y yo las daba a otros amigos y amigas. Para subir a la Torre Eiffel tienes que saber que el acceso a la torre se puede realizar de dos maneras: en ascensor o por las escaleras. Si decides hacerlo por las escaleras vete preparado porque para acceder a la segunda planta (es el punto más alto al que se puede llegar a través de ellas) tendrás que subir 704 escalones. Pero si optas por el ascensor vete con tiempo suficiente para visitar el monumento porque las colas son muy largas, por lo que recomiendo que compren sus entradas a la Torre Eiffel con tiempo.

Subirla y admirarla desde dentro, debajo de sus arcos de hierro…¡Pero tengo vértigo! ¿Cuántas invitaciones tuve y nunca quise ir a verla? Fui al segundo piso a comer comida de lujo pero hacia arriba no quise subir. Extraordinariamente, es el monumento pagado más visitado del mundo, no sufrió los efectos del tiempo. A finales del siglo pasado (1985-1990), la Torre Eiffel se actualizó ligeramente: nuevos ascensores (4 para cada base), una disminución de peso (1.343 toneladas) y una limpieza digna de su elegancia para continuar haciendo que el mundo la siga visitando por su belleza, París, la ciudad de la luz y el amor. La Torre Eiffel es uno de los monumentos o lugares que mas visitas recibe en lo que refiere a turismo europeo; en general Francia es un país muy bonito para recorrer y visitar.

Ella, a veces, incluso juega con fuego en ocasiones especiales, como cada 14 de julio, día de la Fiesta Nacional. Es una dama siempre elegante que conquista a todo el mundo, pero también gana mucho dinero para estar siempre bella porque es grande y de pie ve la ciudad de París entera. Ella y yo éramos vecinas, pero ganaba más dinero con sus piernas que yo con las mías, porque yo solo trabajaba y ella tenía fortuna. Siempre ha sido bien tratada, los turistas que viajan a la ciudad parisina están encantados porque siempre está bien maquillada, podrán ver las piernas de la espléndida Torre Eiffel a los pies del río Sena. También pueden recorrer y caminar por La Catedral de Norte-Dame, una de las catedrales francesas más antiguas de estilo gótico. Sin olvidar destinos como El Arco de la Fraternidad, Basílica del Sacre Coeur, El Carrusel del Louvre y el Museo Louvre. Pero mi lugar favorito es esta hermosa Torre que refleja el modernismo de la ciudad. ¡Y pensar que dicen que esta Torre está en el original París! Es un sitio perfecto donde poder hacer mucha poesía y bonitos escritos porque siempre hay algo que contar. La reina de hierro se alza victoriosa y galante sobre los verdes campos. Con graciosas formas curvadas y alegres volteretas juguetonas. Se sostiene sobre cuatro pilares formando arcadas. Su boca se abre en una vocal, son cuatro las entradas sobre arco, encima se elevan dos pisos más para ver París como un conjunto total. Muchos suben y otros bajan andando y otros trabajan, unos cobran y otros pagan por ver esta obra tan exacta. A los pies de un puente se eleva sobre las barcas y el Sena; besa el centro de la capital francesa la torre europea más perfecta.

La pequeña Francelina expresó la emoción pero ni una lágrima le cayó al ver aquella torre en una visita con amigas a París. Nunca pensé escribir una poesía. A Francelina, joven en esos tiempos, le encantaba la idea de dar unas vueltas e ir a visitar la ciudad los fines de semana, cuando podía. Durante años viví en capital francesa, fui una mujer joven que recogió con toda emoción lo que me trasmitió la Torre Eiffel para hoy poder dedicar unas palabras en forma de escrito o de poesía a modo de alabanza para el periódico Granada Costa, será como dejar un recuerdo para el día en el que aquí ya no viva. Lejos de guardarla en el baúl de los recuerdos para felicitar a la pequeña portuguesa que nace en Portugal y después abandona para ir a Francia, su verdadero país. Solamente quería pedir una cosa a la Torre Eiffel: que me diera un poco de algunas de sus bonitas piernas y de su fortuna que le ayudan a permanecer orgullosa, mirando por encima a todos y con su cabeza entre las nubes. Tal y como dice ese bonito poema.

Siendo joven, cuando solo tenía unos veinte años, se encontró con una gigante e iluminada la noche del 14 de julio ¿Cómo te llamas, monstruo mágico?», dijo y ella contestó “mis numerosos visitantes me llaman Torre Eiffel». Le replicó «Con toda tu vestimenta, no te cansa a veces, que solo vean de ti, una sencilla torre. Tú, que pareces un dragón y que vigilas París. Tú, antorcha olímpica que flotas en el cielo gris?». Ella contestó «¡Cómo me halagas, son tan pocos los poetas que cantan alabanzas a mi alma parisina!”. “Hay tanto que decir, escribiré 40 versos… ¿pero quién los leerá?pues sí conozco a un hombre que leerá mi poema”, respondió. “¿Y tú que tan grande eres y tantos amigos te visitaron ni un abrazo me das?”, finalizó. En esos tiempos quería escribir poemas pero todavía no era el día ni la hora ni el año, pues nunca tuve en mi pensamiento llegar a escribir poesía, pero yo ya no puedo andar más, nunca más podré ir a visitarte, solo si fuese obligada por mi enfermedad, París, Francia, mi país.

Yo no pensaba contar esta historia pero finalmente me he decidido a hacerlo: era mi segundo trabajo, ya estaba más experimentada incluso era jefa de cocina. Un día entra en nuestro salón del restaurante un gran señor, primeramente fue alcalde en París 10eme y fue visitando todos los comercios del lugar y me dio la mano, yo que soy tan pequeñita, me quedé entusiasmada. Entonces, el señor con una gran sonrisa me dijo “encantado”. Pasaron aproximadamente dos años y estaba un día con mis amigas en la Torre Eiffel y fui a hacer una foto y apareció el mismo señor con sus guardaespaldas, él vio que yo estaba celebrando mi cumpleaños y se acercó y me dijo “feliz cumpleaños, niña, ¿está de vacaciones?” y yo le contesté “vivo aquí desde 1965”. “Entonces ya es francesa” me respondió. Yo que no sabía dónde meterme y con mucha vergüenza no sabía qué decirle y con una gran sonrisa dije “algún día, Señor Presidente, por su simpatía, le escribiré una poesía”, me respondió “me encantaría, envíemela a Champs-Élysées”. Le dije al Presidente Jaque Chirac “gracias, señor Presidente”, cerré la boca y fui y dije a mis amigas que la escribiría si fuese poeta. Jaque Chirac falleció y no le envié la poesía a Champs-Élysées.

© Francelina Robin

¿CÓMO TE LLAMAS?

De viaje a París, la pequeña Francelina
Se encontró con una gigante iluminando la noche.
«¿Cómo te llamas, monstruo mágico?»
«Mis numerosos visitantes me llaman Torre Eiffel»
«Con toda tu vestimenta, no te cansa ,a veces,
Que solo vean de ti una sencilla torre?
Tú, dragón y hada, que vigilas París.
Tú, antorcha olímpica que flotas en el cielo gris?».
«¡Cómo me halagas! Son tan pocos los poetas
Que cantan alabanzas a mi alma parisina.
Como hicieron una canción, como yo, pequeñita,
Vestida de Sondrion para grandes artistas».
«Como se te da tan bien
Ver lo que hay en el interior,
si quieres, cuando me vuelva a Francia
Puedo coger mi pluma y escribir poesía».
«¡sería amable y divertido!»
«¡Cuenta conmigo! «Hay tanto que decir…
Escribiré veinte líneas… ¿pero quién las leerá?»,
«Pues conozco a un hombre que leerá mis poemas.»
«Pues tú eres querida y habrá un
hombre que te lea», «¿eso cree?,
¿de verdad? ¿quién?». «El presidente de Francia».
Ahora, voy a contarles que he vivido años en Paris,
y fui dichosa. Eran los buenos años, en mi juventud
cuando había abundancia,
pero tuve que dejar mi corazón,
dejé atrás a mis padres y a mi patria,
Me sentía más libre, pero no siempre.
Fui para verano y había mucha huelga.
No me declaraban, solo escuchaba
Mis primeras canciones de Brassens,
Porque parecía una hermosa historia,
Y así lloraba o de tristeza o de amor.
Así guardado en la memoria mis primeras noches
Cerca del cielo en una pequeñita habitación. Todavía
Por debajo el Pont Saint-Michel había tanta gente, estaba completo
¡Tal era el silencio con la gran luna de septiembre!
Yo sosteniéndome entre las torres de Notre Dame
y un azul imposible del rio con el que tantas veces he soñado.
Como París me abrazase y me retirar los labios

© Francelina Robin