Mujer, reina

Transparencia humana
dibujada en tinieblas,
correspondida al encierro
como el gusano en la manzana,
por qué temblar por ese frío
si la cobija está en tu alma,
de la noche a la mañana
casi al rayar el alba,
se nos escapa en un suspiro,
toda una historia de lo vivido.

Siente el miedo pero no lo abraces
para que te suelte sin aprisionarte,
que no sea tu estampa tu inseguridad,
encierra tus temores en tu equipaje,
que la libertad de tu piel desea estremecerse,
tu sonrisa protegida en tu duro blindaje,
libertad, seguridad y confianza
van de la mano en ese duro viaje.

Calcular sin mirar los pasos al marchar
por el filo del sendero de tus oraciones,
el abismo de tus ojos son guiados
por el infinito del cielo y de la tierra,
pisas por fuera, por dentro dueles,
oras para meditar un musitado lamento,
te concedes un paraíso que te aterra,
no pises más allá de tus niveles,
lo que se va, de regreso lo trae el viento.

Tú eres princesa de acero,
una reina denegada por capricho,
de tu sonrisa nace tu propio paraíso,
se va tu maleta vacía por dentro, por fuera,
se quedan contigo recuerdos de gloria,
de fracasos fallidos por destronar tu reino.
Ecos de suspiros ahogados en la noche,
eres un hermoso tema para la historia,
lo justo es transparente ante verdad,
toda una princesa, reina y esclava,
en esta leyenda vives y en ella mueres,
mujer con temperamento y llena de bondad.

Con la cobija de tu alma en tus manos,
el sendero de tus oraciones al pobre,
no tiemblas ni cuando raya el alba,
escudo del hambre, renegada de traiciones,
dice la tierra que el cielo puede esperar
pero aumenta tus ecos para toda humanidad,
el viento no sabe detenerse ni llorar,
¿te ha soltado el miedo? Princesa,
lleva tu confianza y seguridad
a esas calles marginadas de la sociedad,
pues el cielo ya no puede esperar,
desenjaula los leones de tu imperio,
reina de las inquietudes y desconsuelos.
Que mire el ciego, que se alimente el cielo,
para que llueva y riegue virtudes.

Mujer, tú eres transparente como el vino,
te dibujas en tinieblas, apareces en destinos,
esas pobres riquezas convertidas
en polvo y oro molido.
Mujer, princesa y reina de los caídos,
en el trono de las bondades de la vida,
amante por naturaleza de sus propias lágrimas,
encerrada en sufrimientos ajenos sin salida,
débil ante todos, fuerte ante muchos,
pero, sobre todo, llena de sabias virtudes.
Paso a paso tu final en el llanto de la humildad,
en tus manos el espejismo del cruel realismo,
en ti la esperanza camina con el corazón,
el viento no sabe detenerse, se lleva la maldad,
el pan nuestro de cada día, tu devoción,
has triunfado reina Madre sobre la humanidad.
A LADY DI

© Francelina Robin