Mis raíces

En estas fotografías les muestro los principios, entre este humo negro fue construida una barraca de madera a media noche para dar comienzo a estos muros ennegrecidos. Fue el principio de mis raíces, aunque todavía era peor cuando tenía cuatro años, pero no tengo vergüenza de mostrar de donde vengo.

Cuando era pequeña vivía en la tierra en medio del monte, en una barraca, lo que pueden ver aquí ya es un lujo, a día de hoy han cambiado la madera por cemento. Vean el castillo, es decir, la casa de mis padres. Esta seguía siendo la misma pero mis raíces continuaron. Observen estas pinturas, estas cocinas de lujo, faltan los salchichones ahumados, ¡pero hay cebollas!

Mírenme haciendo de jefa, aunque tenía mala cara porque estaba enfadada. Esta es la olla de leña donde hice 1 kg de arroz cuando tenía diez años. Mis hermanos no quieren que muestre la riqueza que tenían mis padres, ¡aquí ya era una casa lujosa!

Fue por este muro que era de madera por donde entró la piedra que cuento en un libro, era una barraca de madera y se partió todo, la piedra es la misma. Los años pasaron y la piedra siguió allí, hasta los dueños ya se fueron, ¡mis pobres padres!

Aquí está mi fallecido padre haciendo el que era su trabajo, él era cestero, aquí les muestro cómo se hacían los cestos para los labradores para que pudieran trabajar en las cosechas de los campos recogiendo maíz, uvas, olivas, etc.

En estas fotografías yo ya venía desde Francia, estaba sola y divorciada, no me separaba de mi madre y nunca me los conseguí llevar a mi casa, me decían “viejo mudado, viejo enterrado” y ahora soy yo quien dice lo mismo. Si tuviera que salir de mi casa me moriría enseguida, mi querida madre era mi vida, me costaba tanto verla vivir allí… ¡estábamos tan unidas! Pero nunca conseguí llevarla a mi casa para tenerla cerca de mí y cuidarla, en estas fotografías ella tendría mi edad actual, aunque ella no sabía lo que le reservaba el demonio que vivía cerca de ella.

Aquí pueden observar las cinco generaciones: desde mi abuela, pasando por mí, mis padres, mis hijas y mis nietos.

© Francelina Robin