Háblame al oído

Nos miramos de nuevo,
me traes de cabeza,
vives en mis sueños,
eres mi grandeza,
amante de otoño
y de primavera.

Qué cuentas ahora,
te llevaste contigo
mi inquietud y mis horas,
te miro distinta,
dímelo al oído,
y si aún en tu alma lloras,
yo puedo ser tu amigo.

Cuando tú te marchaste,
mi cama quedó desentendida,
mi vida era un desastre,
no encontraba la salida,
cuando tú te marchaste,
fue injusta la vida.

Te sienta bien tu vestido,
elegantemente bella,
es de un brillo distinto,
mejor que aquel lucero,
o igual que esa estrella,
es de noche querida,
no sé si aun te quiero,

en una tarde de olvido,
cuando tú te marchaste,
háblame al oído.
Las cosas más valiosas,
cuando se tienen, valen oro,
tú me diste confianza,
eras mi fiel tesoro,
Yo te entregué mi alma.

© Francelina Robin