Árboles sin Hojas

¡Año nuevo, vida nueva! ¡Nuevas y buenas elecciones! ¡Nunca es tarde para cambiar, conocer, aprender y adoptar nuevos hábitos! Y es aquí donde entra el desafío para bajar las aplicaciones, se fue la primavera, con las flores cantaba, ¡qué alegría sentía! pero cada flor que caía era una lágrima que perdía en vuestros dispositivos y movimientos para que iniciasen, el año, protegidos. Después vino el verano de una aplicación que os acompañará a partir del momento en que seleccionen el local donde pretenden ir a almorzar o cenar, pero deberían ver que mis flores iban a sufrir, haciéndoos compañía ¡incluso hasta la puerta! Fácil, rápido y sin complicaciones. Pero encima de mi jardín comisteis y mis hierbas se estropearon ¡a mi corazón hicieron llorar! Gratos por la preferencia. Al llegar para darles un poquito de agua para que beban estas pobres flores que tanto sufren en verano a causa de la gente sin corazón. Pienso que si fuesen vuestras las flores no os acostaríais encima ni estarían llenas de sed. Estamos reclutando a nivel nacional a personas con voluntad de trabajar, de conquistar, de vencer y ganar buen dinero. Si es trabajador, de espíritu emprendedor, si le gustan los desafíos entonces envíe su currículo para generar. En caso de que sea seleccionado/a será contactado. Gracias, ¡buena suerte!

Oh, triste otoño, llegaste tú, llegó un mensaje de tu parte, fue cuando se encendió la antorcha que llevaba mi corazón, fue cuando te encontré y cuando me olvidé de lo malo. Para vivir lo bueno que fue la primavera, se fue el verano también y, al fin, comenzaron estos vientos de tempestades y todas mis flores he cortado. Llegaste tú en el momento menos indicado, cuando fumaba cada sílaba, cada instante, cada segundo que salía de tus labios alimentando mi alma, haciéndome sentir feliz. Llegaste para darme la oportunidad de ser feliz, llegaste con lo indicado que es amar con lo apropiado, que es conocerte, mirarte y estar cerca a ti. Llegaste con la realidad de hacerme sentir feliz, de hacerme vivir, llegaste con todo lo que buscaba, dándome cosas lindas, haciéndome suspirar. Llegaste tú cuando menos lo imaginaba, haciéndome sentir mil cosas más allá de lo normal, dejándome todo perfecto, llegaste tú con la palabras ideales para darle paz a este otoño triste que hace sufrir agonizando sin tu amor, las hojas de mis flores te las llevaste todas, pobrecitas, estáis todas desnudas.

Reinicia, no desisten, aprovecha en comenzar lo que nunca terminó, esa vida cruel que deja en la boca un amargo sabor a hiel, los que difieren por solo así saber estar. Se levanta del suelo porque en este no sabe estar, incluso después de caer en tan gran multitud, pues su máxima de vida es siempre fiel para, si viviera, poder, contra la muerte, luchar. Por eso, mi jardín, te tuve que cortar para ver si vuelve a subir, porque vosotras sois mi única fuerza para así sucede entre caídas y herimientos, que mutilan el cuerpo, el alma fortalecen entre estos y otros distintos tormentos. Dejando marcas que jamás desaparecen, recuerdos para quien osa gritar a los vientos que no quiere esperar por las cosas que acontecen, merecimiento. Me pierdo en este arrastre que de mí hago por los pasajes de una vida que me desprecia, cuando ni esos cielos oyen lo que reza mi boca seca de decir este compás. Bien sé que blasfemo y que me desgracio al hablar de lo que me angustia y de lo que me hace, teniendo en cuenta lo que esta vida me desprecia y los tristes bienes que él de mí rechazó.  Pierdo todo pero la fe la consigo ir manteniendo incluso sin obtener una respuesta deprisa que, a menudo, en desespero voy diciendo. Y que mi desánimo luego traspira, como si sólo por ahí viviese para, sufriendo, sentir que tengo lo que a veces se merece. Desconozco, no sé qué más puedo hacer, lo que mata lo que está devastando, ésta que soy que sólo vive para verte. No sé si para tal cosa basta morir, sí, si con lo que voy siendo, tal vez, consigas creer que te voy a cuidar. No sé, pues, qué daño hice por esto, por el desprecio que me has dado, ni tampoco cómo todavía vivo y resisto. Estando así tan lejos, tan apretada, y donde para siempre quedo a tu lado cruz.

En la mañana de cierta primavera pedí a Dios un camino de luz. Dios me escuchó, Quiso saber quién yo era y colocó en mis hombros una cruz. Soporto la cruz con la fuerza de mis brazos, en la escapada de los acantilados del tiempo. La fe en Dios ilumina mis pasos y alivia o cura el sufrimiento. La cruz es esto: vivir y aceptar. De todo lo que dios nos puede dar, lo bueno, lo malo, la alegría o el dolor. Conozco, va Jesús con el brazo dado, conozco día y noche, en todos lados, ¡en promesa, en perdón y en amor! Sin título en la voz que grita. Susurros incomprendidos. En la voz que escribe, lo que siente, lo que vive o cómo le gustaría que fuera. No está bien así, que sienta, si siento o el vaciamiento de los seres. ¿Están robotizados? Tan presos de lo que hasta se rotula en versos, lo que desvanece, pensamientos de tiempo, sería tan difícil ser solo nosotros, de nosotros perdernos en el encuentro con otro, ¿nos encontramos? No sé si es uno al encontrarse en el otro, porque sólo las vías de la inmensidad de lo que sentimos, es cuando aliviamos pero seguimos sintiendo. El amor que no es excedente de la soledad ni siquiera con tentativa de ofuscar ese brillo perenne. Hay sonrisas y hay templos perdidos e infinitos, dentro de nosotros mismos… Se necesita decisión para ir más allá del espejo físico o de las proyecciones lanzadas en otro. Es necesario un esfuerzo para decir amo, porque amando me redimo. Amando, soy infinita, en la finitud de la vida pasajera…Versos altos, deseos resignados, pero de todo, tan peculiares al transcurso contra la igualdad.

Si de múltiples, los universos palpitan en cada ápice al cuadrado del cuadrado… Pero cuántos seres humanos, tan cuadrados van a haber, nunca usaron un compás. Abro el frasco, siento el olor, es tan bello el verde prado, está cubierto de cristal por el frío congelado, espera el sol ya llegado, canta en coro divinal. ¿Cuán real es lo que veo? Esta fuerza del deseo, actúa en mí como instinto. Pinto la Naturaleza viva, con mi mano fría y muerta, pero sólo de mirar, conforta. La vida es breve como el agua corriente, como el mar ebrio y su marinero en un intercambio siempre permanente. En la vida que viví intensamente, mis bienes dividí entre mucha gente, lo malo lo intento olvidar y perdonar. Viví del amor disfrazado más mis hijas un regazo caliente y di con sueños poesía y luna de luna estrellas con flores… En el trabajo quise ser suficiente, doy con la nostalgia mi lado creyente, espero a Dios… aprendí a plantar.

© Francelina Robin